Noelia, Noelia, Noelia
Me ha costado poder plasmar todo lo que he sentido el último tiempo teniéndote aquí conmigo.
Inicialmente no me quedaba otra que programarme a cuidarte para que te mantuvieras firme dentro de mí, pero cuando comencé a sentir físicamente tu presencia emergió una conexión más estrecha entre nosotras.
Has sido un desafío: entender qué te gusta, por ejemplo, los sabores ácidos,
notar que te mueves al ritmo de los instrumentos de cuerda, darme cuenta de
cómo te relajas cuando hago pilates, como si mi cuerpo te meciera; y cómo te
inmovilizas al escuchar a tu papá, porque te trae paz, al igual que a mí.
Decidimos ponerte Noelia, como la canción de Nino Bravo que le gusta a mi padre, porque suena dulce, es diferenciador y me conecta con lo femenino al escuchar la sonoridad de tu nombre.
Me enteré de que proviene de “natalicio” o “natividad”: eres la flor que nace en nuestras vidas y el desafío que tengo que aprender.
Me has puesto la vida en pausa; me has obligado a conectar con la vulnerabilidad, a soltar el control, y muchas veces me frustro… pero cada movimiento tuyo que, por cierto, son frecuentes, me recuerda que lo vital se encuentra adentro. En la actualidad simplemente soy tu capullo, y ambas vamos a florecer cuando llegue el momento.
Traerte al mundo debe ser una sensación sublime y un amor inconmensurable; sin embargo, con solo tenerte dentro te quiero cada día más, aunque aún no te conozca.
Gracias por lo que me has permitido vivir, mi Noe.


Comentarios
Publicar un comentario