Brunchterapia

TGC es un club que inició con juntas esporádicas entre mujeres. Había actividades gratuitas, como caminatas, y otras pagadas, como talleres, charlas, etc.

Con el tiempo, el club necesitó rentabilizarse para sostener los talleres y seguir creciendo, ya que era el emprendimiento de su fundadora. Por eso se comenzó a cobrar una membresía. A algunas les pareció bien y a otras no tanto. En mi caso, me pareció adecuado, ya que era legítimo apoyar este emprendimiento y, además, pagar te compromete más con la participación. Por otro lado, el club se convirtió para mí en una inversión de bienestar conmigo misma.

Mes a mes realizamos brunchs donde ocurren dinámicas interesantes entre las integrantes del club.

El domingo pasado asistí con mi hija simplemente porque quería estar en un espacio seguro con ella. Al llegar, estaba Clau, la fundadora, quien le abrió los brazos a Noelia y la sostuvo mientras yo disfrutaba tomando mi macchiato. Me regaló un pequeño momento de descanso, y eso para mí vale oro.

Luego llegó Vivi, una morena vestida con una onda muy Karl Lagerfeld, guapa y carismática. Tenía un español muy bien pronunciado, pero reconocí de inmediato que no era de aquí (Chile), sino de Brasil. Ella era la nueva del grupo y notoriamente más joven que nosotras… En algún momento, Clau le habló en portugués y a Vivi le volvió el alma al cuerpo. Efectivamente, conectó con este pequeño grupo que poco a poco se iba integrando.


Después fue llegando el resto y Clau inició una actividad muy significativa: nos entregó a cada una una foto simbólica para cada integrante. Había fotos de viajes, familiares, mascotas, etc. Luego nos pasó pegamento y brillantina para resaltar las imágenes. En ese momento, creo que todas conectamos con nuestra niña interna decorando las fotos. Noté a algunas muy concentradas realizando diseños interesantes y a otras con brillantina pegada en las manos, frustradas porque sus diseños no les gustaban tanto. Finalmente, todo terminó transformándose en una dinámica llena de risas.

Al momento de explicar el significado de cada foto, se abrió la sesión. Habían familiares fallecidos, por lo que hablamos de experiencias espirituales; los viajes nos llevaron a conversar sobre nuestros sueños; las fotos de nosotras mismas nos hicieron reflexionar sobre cómo queremos empoderarnos, pero también sobre los miedos que nos han obstaculizado para avanzar. Hablamos de lo difícil que es ser mujer, de los desafíos de la maternidad, y suma y sigue.

Se generó un espacio de confianza rodeado de mujeres maravillosas. Clau, siempre innovadora y generosa, creando estas instancias. Palomin, quien tiene una voz dulce pero una fortaleza interna impresionante; una mujer que trabaja en sí misma para alcanzar su autorrealización. Patu es la valiente que renunció a los privilegios del mundo corporativo para seguir su sueño de ayudar a las personas, dedicándose a la psicología clínica. Cada vez que nos juntamos, siempre tiene un punto de vista que aportar y logra invitarte a la reflexión.

Ange es la mayor del grupo: la revolucionaria e incomprendida de su generación, pero para nosotras es una más, con el plus de la experiencia, algo que nos nutre muchísimo. Mire trabaja en joyería y llevó un souvenir para cada una. Yo tuve la suerte de recibir una pulserita roja que le puse a mi hija como protección, además de quedarme con un regalito hecho con el cariño de mi compañera de club.

Cuando hablas con Mire, es liberador escucharla, porque viene de una cultura y crianza donde estaba sometida a ser “Miss”, pero aquí en Chile ha conectado con su propia esencia y trabaja día a día para ser ella misma, no lo que el resto espera de ella. Siempre es importante recordar eso: no renunciar a una misma por los demás.

A Vivi se le iluminaba la cara escuchándonos. Probablemente se percibía en el ambiente que parecíamos amigas de toda la vida, porque reímos, compartimos nuestras vulnerabilidades, nos escuchamos, nos respetamos, nos motivamos y nos aconsejamos… Pero lo interesante es que este espacio terapéutico solo se da una vez al mes, en el tiempo que dura un desayuno.

Nos vemos en la próxima sesión, con las integrantes que puedan participar, con conversaciones que nos sigan nutriendo y luego,  "calabaza, cada una para su casa". Esa es mi cuota necesaria del mes, ni más ni menos.

Agradezco que me inspiren.

Besos,
Nicole.

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