Delirio Perfumístico

 


Mis padres siempre tuvieron un perfume característico que los hacía reconocibles, y en mi casa era costumbre usar solo uno. El que usaba yo era Make me Wonder de Avon, que ya no se fabrica. Era un eau de toilette simple, económico y a la vez complejo, con notas de anís, vainilla, otras flores y sándalo. No me resultaba empalagoso; era un aroma sutil, a diferencia del Fantasy de Britney Spears. Además, no era un perfume popular; en ese tiempo, estaban más de moda el desodorante Impulse de las Spice Girls y fragancias de otras celebridades o diseñadores.

Cuando dejaron de venderlo, fue como un pequeño duelo, ya que sentía que perdía una parte de mi identidad. Desde entonces, he probado perfumes con algunas de las notas de aquel perfume desaparecido, pero ninguno combina todas. Algunos tienen buena proyección pero me saturan; otros tienen poca y me aburren. Siento angustia al no encontrar un perfume que me represente, y a veces termino coleccionando varios, aunque pienso que no soy reconocible si no me comprometo con uno solo.

Hay perfumes que me encantan, pero para los demás pasan sin pena ni gloria; otros, que no me gustan tanto, suelen recibir elogios. No he podido encontrar el punto medio. ¿Existe acaso un punto medio? Hay una gama infinita de aromas: dulces, cítricos, amaderados, marinos, florales, comestibles, etc. Me parece utópico llegar a esa combinación perfecta, y creo que la respuesta está en encontrar un aroma que tenga sentido para mí.

Algunas personas no usan fragancias y se sienten cómodas con su olor corporal; otras eligen perfumes según la estación del año, el estado de ánimo, el momento del día o la ocasión. Encuentro todas esas opciones maravillosas si a cada persona le generan sentido.

Pienso que las personas que usan diferentes perfumes me parecen más lúdicas y atrevidas, quizás más alineadas con nuestra cultura como chilenos: un país multicultural, donde celebramos las Fiestas Patrias y también Halloween, donde disfrutamos de empanadas de pino, arepas y McDonald's. Por otro lado, no hay nada más entrañable que percibir el aroma único de una persona y saber
quién es. Aún no logro definir qué tipo de persona soy en este sentido.

Lo que sí he aprendido con el tiempo es que no siempre tu aroma agradará a los demás, y lo que realmente importa es que a ti te guste, considerando todos sus aspectos: fijación, proyección, evolución, etc. (A mí, por ejemplo, me gustan las proyecciones moderadas).


Siendo honesta, a veces busco la "aprobación" de otros, como la de mis padres, a quienes, irónicamente, les gustan los aromas que a mí no, como la lavanda. Entonces, ¿por qué les pido su opinión si de entrada no tenemos los mismos gustos?

También he caído en la tentación de los famosos hypes (esa expectativa exagerada o entusiasmo intenso que se genera en torno a algo que se espera con ansias). He visto videos de perfumes muy elogiados que, al probarlos, siento demasiado dulces para mi gusto, aunque probablemente no lo sean, solo que no quedan bien en mi piel. ¿No te ha pasado algo similar con las compras "a ciegas" o al probar perfumes en una tienda y sentir cierta decepción?

Con la lavanda, aprendí una valiosa lección: las personas no son como un solo tipo de flor o nota en particular; somos una combinación de muchas. Me negaba rotundamente a usar perfumes con lavanda porque su olor, por sí solo, no me gusta. Sin embargo, he encontrado perfumes que incluyen esta flor y le añaden un toque fresco a una experiencia dulce, logrando una combinación dinámica y atractiva. Es como combinar chocolate con frambuesas: lo dulce y lo ácido en armonía. Un ejemplo es la querida crema de castaña de Natura. ¿Interesante, no?

Las conversaciones sobre aromas y gustos me resultan magnéticas, aunque a veces incómodas. Hay personas que establecen pautas sobre olores agradables y desagradables, cuando en realidad existen gustos muy variados. Opinar negativamente sobre el olor de alguien es, para mí, como criticar el cuerpo ajeno, ya que el uso de un aroma en la piel es una decisión personal y me parece una lástima que se cuestione o juzgue.

Este tipo de escenarios desencadenan mis delirios perfumísticos: ¿Tengo un olor agradable? ¿Me representa? ¿Y si pruebo algo nuevo? ¿Sería mejor usar solo uno? ¿O varios? Y así, una lista interminable de preguntas.

Está claro que, en estos momentos, la inseguridad me abruma en algo tan básico como un perfume... pero para mí no es solo eso; es una parte de mi identidad, una que todavía estoy descubriendo a través de estos escritos y conectando con ustedes desde mis vulnerabilidades más sencillas.

Nos vemos en el próximo post.

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