The Canadian Thanksgiving

 


Un club de mujeres (TGC, para las que ya saben) organizó una caminata amistosa en el Parque Bicentenario, con el propósito de conocer nuevas amigas y ampliar el círculo. Fue allí donde conocí a Mel (Melissa), una chileno-canadiense que llevaba poco tiempo en Chile y deseaba conectar más con sus compatriotas, además de mejorar su español.

Con el paso de los meses, nunca perdimos el contacto. Mel es una mujer muy organizada, sin perder “la chispeza” típica del chileno. Tiene buen humor y es rápida de mente. Es una de las personas más genuinas que conozco: generosa y transparente con sus sentimientos cuando entra en confianza. Es ella misma, sin tapujos, pero sin dejar de ser cordial, al estilo canadiense, cuando algo o alguien no le convence. Por ejemplo, si siente molestia, te lo dirá educadamente o pondrá su "cara de póker" (ahí está lo de "sin tapujos"). No pasa desapercibida.

Lo que también amo de Mel es su capacidad de caer bien. Le cae bien a los geeks porque también lo es, cae bien a los artistas porque es fotógrafa, a los viajeros porque viaja, a los organizados, a los sensibles… y bueno, simplemente a muchos, porque es Mel.

Cerca del 18 de septiembre, recibí por WhatsApp un video tipo reel con una invitación a celebrar “The Canadian Thanksgiving” junto con el cumpleaños de Mel, el 14 de octubre. Me llamó un poco la atención porque pensaba que se celebraba en noviembre, pero eso aplica solo para EE.UU. Lo otro que podría sorprender es la anticipación, pero viniendo de Mel no me extrañó.

Un par de semanas antes, Mel me hizo preguntas random, sin entender del todo su propósito, como:

  • ¿Con qué casa de Harry Potter te identificas?
  • ¿Cuál es tu signo zodiacal?
  • Dime tres cosas curiosas sobre ti.

Finalmente, llegó el esperado día. La mesa estaba perfectamente puesta, con pequeñas tarjetas timbradas con el logo de cada casa de Hogwarts y tu apodo (yo soy Slytherin, por si no se nota en la foto).

En la comida había varios invitados de distintos países: EE.UU., Ecuador, Chile, Alemania, Venezuela, etc. Fue un intercambio cultural interesante, con un lenguaje común: el cariño recibido y el agradecimiento por el hermoso evento organizado por la cumpleañera y su pareja, Lenny.

Usualmente, para estas celebraciones se come pavo relleno. En esta ocasión simplificaron un poco el asunto, sirviendo rodajas gruesas de pavo con una reducción de arándanos, mientras que el relleno se ofrecía como acompañamiento, que podías mezclar con el puré de papas.

Al finalizar la cena, comenzó una trivia en la que debíamos adivinar el signo y curiosidades de cada invitado. Los ganadores recibían chocolates típicos de Canadá. Fue un momento de mucha risa y distensión para todos, especialmente para quienes no nos conocíamos.

Para hacer la experiencia más memorable, Mel pidió a cada invitado que contara cómo la conoció. Cerramos la noche con el momento más importante: los agradecimientos.

Era curioso el ambiente porque, fuera de los chilenos, el resto de los asistentes no se conocían desde hacía mucho tiempo (a lo más 3 o 4 años). Sin embargo, saber que puedes contar con alguien en un país que no es donde naciste hace que las relaciones se tornen más significativas. La compañía, el tiempo y la contención de otra persona se vuelven parte de tu círculo cercano, de esa nueva familia que adoptas porque la tuya está lejos.

El cariño y cuidado son ejes fundamentales cuando te encuentras lejos, y eso es lo que te mantiene en otras tierras: las personas, no solo el turismo, el trabajo o la cultura.

Lo que para unos puede ser cotidiano, como compartir con la familia o amistades, para otros se convierte en una experiencia sagrada. Incluso estando en compañía, algunos sienten soledad y nostalgia, pero no desde la carencia, sino desde el amor hacia los que están lejos. No obstante, esa soledad disminuye cuando logras crear lazos en otro país, conectando con personas que pasan por lo mismo que tú.

Lo más bello, creo, es cuando te sientes acogida en un espacio diferente al que estás acostumbrada, y poco a poco empiezas a tener sentido de pertenencia y plenitud. Esto se traduce en la llave mágica para avanzar en la vida: el agradecimiento.

Puede que esa noche no haya entendido el 100% de lo que hablaban, porque había mucho Spanglish, y yo soy más “Open English”. Pero algo se destacó: el lenguaje común era el placer de estar juntos, de tener la oportunidad de compartir tradiciones, de sentirse bien recibidos.

Muchas veces me he sentido extranjera en mi propia tierra, en espacios sociales o incluso con mi familia. Sentir que no siempre “pertenezco”. Sin embargo, este Día de Acción de Gracias me dejó una gran lección: aquellos que, en teoría, deberían sentirse como extraños, no lo son. Agradecen las oportunidades que tienen, y saber que puedes contar con otros es suficiente, aunque sean de diferentes culturas o creencias.

Esto es como la canción de Enanitos Verdes: "Sumar tiempo no es sumar amor". Y en una noche de cumpleaños y agradecimientos, me fui con el corazón lleno.

Gracias, Mel, por todo. Y gracias a ustedes por leerme.

Nos vemos en el próximo post.

 

 

 

 


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