Cancerbero de cuatro cabezas
He pasado 20 años de mi vida tomando pastillas debido a
cólicos menstruales intensos desde mi adolescencia. Nunca tuve efectos
secundarios (o eso creía); mi piel estaba hermosa, sin acné, y mis ciclos eran
regulares.
Ya con pareja estable, decidimos dejarlas y dejar que el
universo decidiera si concebíamos o no. Durante el primer mes, mi vientre se
transformó en una olla de cabritas; poco a poco sentía cómo cada óvulo
recuperaba su tamaño haciendo pop, pop (posiblemente una sugestión mía),
hasta que todo se calmó y llegó mi primera menstruación sin hormonas.
En el segundo mes, conocí a las "Nicoles", esas
partes de mí que siempre intuí que estaban ahí, pero que nunca se habían
manifestado con tanta fuerza. Desde hace años me he movido desde la lógica y el
bienestar, colapsando emocionalmente cuando siento la ausencia de control o
sentido. También he sublimado muchas experiencias, como lo que escribo en este
blog.
He descubierto que dentro de mí existe una fuerza interna: sabia,
enérgica, creativa y vulnerable. Después de mucho tiempo, me encontré con cada
una de estas facetas y me ha tocado comprenderlas para no caer en la locura.
Lo que estas mujeres internas me hacen sentir va más allá de
la razón; es una energía avasalladora y potente, un cancerbero que no se puede
manipular, sino escuchar y comprender. Es una criatura de cuatro cabezas con la
que he tenido que conectar.
Para ello, he regresado a lo más primitivo: cambiar mi
alimentación para reducir inflamación, darme momentos de placer sin prejuicios,
generar más espacios de descanso y permitirme pausas cuando me siento abrumada.
Para ser más clara, el ciclo lunar que vivimos las mujeres
se compone de cuatro fases:
Fase Folicular (Primavera, La Doncella): Aumento de energía y motivación.
Fase Ovulatoria (Verano, La Madre): Momento fértil, mayor conexión con el entorno y aumento del deseo sexual.
Fase Lútea (Otoño, La Hechicera): Vuelta al interior, mayor vulnerabilidad; es cuando la fruta madura y cae del árbol.
En verano, en cambio, me invade el instinto, como una leona enjaulada que solo quiere cazar. Puede ser incómodo, pero al menos tengo la energía suficiente para producir.
El otoño y el invierno son las fases que más me afectan. En otoño aparece una versión de mí con la que me resulta complejo lidiar. Es como si otra persona se apoderara de mi cuerpo y me llenara de rabia no poder quitármela de encima, como un Venom de pensamientos intrusivos y veneno listo para disparar. Son unas ganas incontrolables de encerrarme en un calabozo hasta que la tormenta pase.
Además, cuando hay intención de concebir y notas que tus niveles hormonales han bajado, en lo más profundo sientes una pequeña pena por lo que no pudo ser. Todo se torna oscuro, y lo intento expresar a través de mis escritos en este blog, aunque no sé qué tanto pueda ser comprensible para el común de los mortales.
Sé que los inviernos son distintos para cada mujer. En mi caso, ya hice el duelo emocional en otoño y, de alguna manera, agradezco la expresión física de mi cuerpo porque me permite desconectarme un poco de la tristeza o la rabia. Ahora solo queda hibernar.
Sobre esta última etapa, crecí con la idea de que "ser mujer no debe obstaculizar tu quehacer diario". Sin embargo, en el último tiempo, mi cuerpo ha destruido todos esos paradigmas, y aún me cuesta aceptarlo. De corazón, mi cuerpo me ha pedido descanso; tengo más sueño y menos energía. Me pide parar, y no tiene nada de malo. Lo mismo ocurre con las inflamaciones: no son estéticamente bellas, pero son normales.
Después de todo, tengo toda una primavera y un verano por delante, y creo que es necesario empezar a validar nuestros ciclos en lugar de exigirnos tanto, porque eso solo nos llena de frustraciones.
Yo también pensaba que todo esto eran predisposiciones… hasta que lo viví. Ingenuamente, jamás pensé que conocería a estas "Nicoles", porque podía quedar embarazada en cualquier momento. Pero la naturaleza es sabia: me expuso a conectar conmigo misma desde las fases más puras de mi cuerpo, para aprender y quererme.
Y si un día tengo una hija, hablaremos de esto desde la conexión y la comprensión, no desde la exigencia.
Les envío un abrazo amoroso a todas las que hemos decidido dejar las pastillas.
Nos vemos en el próximo post.




Comentarios
Publicar un comentario