Primer Trimestre
Ya han pasado cuatro meses desde la última vez que escribí en el blog. Un suceso, un pequeño suceso, ha sido capaz de revolucionar mi vida, mi energía, mi amor y mis miedos más profundos.
Sin tener evidencias, ya sabía que te tenía dentro. Me compré toda la bibliografía posible para entenderte, aunque sentirte es algo completamente distinto.
Últimamente me he preguntado cómo puede haber tantas cosas que nadie te explica (a menos que estudies medicina). Como cuando fuimos a la primera ecografía y solo vimos tu saquito: ni siquiera había latido. Tuvimos que esperar las dos semanas más largas de nuestras vidas para saber si estabas ahí. Dependiendo del contexto, para algunas madres puede ser esperanzador ver ese primer signo. A mí me produjo una angustia inmensa no tener certeza de si crecerías dentro de mí.
Escuchar tus latidos nos devolvió el alma al cuerpo, aunque la incertidumbre de si seguirías con nosotros los próximos meses seguía presente. Tuvimos que esperar el tercer mes. Fue un trimestre, dentro de todo, tranquilo: algunas náuseas matutinas, aunque nada intenso. Me has bajado las revoluciones y me has regalado el sueño que durante tantos años no pude tener: dormir de corrido toda una noche o disfrutar de siestas eternas. Ya en otoño, aprovecho los pequeños rayitos de sol que me invitan a descansar un ratito en una banca.
Mi vida ha girado en torno a ti: desde las apretadas de pecho cada vez que me limpio después de ir al baño, esperando no ver nada extraño, hasta la cautela de comer todo cocido e inocuo. Cruzo la calle con más cuidado; si algo me asusta, instintivamente me toco el vientre. Evito lo más posible el estrés para que no te afecte. Es inevitable no pensar en proyecciones económicas, aunque también me obligas a vivir la vida un día a la vez.
Decir que me has acompañado todo este tiempo requiere prudencia, para no alimentar expectativas. Hemos tenido que vivir este proceso de manera silenciosa e íntima con tu papá. Ahora podemos hablar de ti, pero fue un tiempo muy solitario.
Nos enseñas a vivir la vida paso a paso: esperando tus ecografías, sin comprar nada para no repetir productos, tratando de comprender cómo creces dentro de mí y cuáles han sido los cambios en mi cuerpo. Trato de imaginarme cómo sería ser tu madre, aunque también entiendo que es un desafío que se aprende en el camino. Hay consejos, sí, pero no pautas; las relaciones humanas no se pautean.
Pensé que iba a recobrar un poco de energía a las 12 semanas, y aunque ya estoy en la 16, recién ahora siento que he podido retomar algo de lo cognitivo. Como dije antes, los seres humanos no seguimos pautas estrictas: eso de que una mujer se siente mejor después del tercer mes es relativo, porque cada organismo es distinto.
Probablemente este tiempo he andado más sensible, aunque también he tenido que cultivar mi paciencia: con los síntomas, con la ansiedad y con las opiniones ajenas sobre cómo vivir la maternidad. Simplemente he decidido armar el mejor equipo con tu papá, amarnos y apoyarnos mutuamente en este proceso. Pienso que darte una familia unida es lo más importante. En cuanto a cómo seré como mamá, no lo tengo tan claro. Solo sé que eres un ser valioso para mí.



Comentarios
Publicar un comentario