La Caja de Té de Pandora
Coté es de esas amigas con las que tienes encuentros esporádicos y es como si hubiesen tenido contacto toda la vida. Apenas me enteré de que estaba embarazada, se lo conté, porque quería que siguiera siendo parte de la historia de mi ciclo vital.
Es de esas personas que cargan con su historia —como todos—, al igual que yo con la mía, pero al verla todo vuelve al punto cero. Iniciamos con la felicidad de reencontrarnos, poner agua en el hervidor y comenzar a ponernos al día, mientras en el ambiente van apareciendo relatos, personajes y diálogos de nuestras conversaciones. Mientras cada una habla, es como si seres imaginarios recrearan nuestras anécdotas.
A ella le gusta la literatura y la lírica; a mí, contar historias, por lo que nuestras conversaciones pasan a ser el libreto de alguna obra interesante por narrar.
Ya caliente el agua, inicié con una hierba de anís, uno de mis sabores favoritos, porque me transporta a mi infancia, cuando mis abuelitas me regalaban almohaditas. Un sabor y una instancia dulce para volver a ver a mi amiga después de tanto tiempo.
Luego vino la menta, en el clímax de la junta, donde todo se torna refrescante, pero también puede llegar a ser punzante, tanto el sabor como el ambiente. La estocada que una misma se da en el corazón para soltar todas las vulnerabilidades, dolores, angustias e inseguridades.
Mientras todos los fantasmas iban apareciendo en el ambiente, se nos acercó Alfonsino, mi gato, como todo un edecán. Si bien es sociable, no le gusta que lo toquen y se aburre rápido. En este caso decidió hacernos guardia ante este escenario de caja de Pandora. Es raro en él, pero si quiso estar ahí es porque mi amiga es la indicada para hacerme compañía.
Mi sueño es comunicar y contar historias, ya sea de manera oral o escrita, y el último tiempo solo me he preocupado de la responsabilidad y no de crear. Sin embargo, es necesario tener un propósito: que el día de mañana pueda vivir de esto. Si quiero cumplirlo, debo generar espacios para trabajar en ello e invertir en mí.
Como soy madre hace poco, quizás no sea prioritario hacer una apuesta agresiva, pero sí puedo dar, todos los días, al menos un 1% para ir avanzando. Después, ese porcentaje irá aumentando progresivamente, con amabilidad, no desde la urgencia ni la frustración. Es como el libro Hábitos atómicos, pero llevado a algo que realmente me hace sentido.
Finalizando la tertulia, tomamos matico, la hierba más curandera de todas: la que nos recompone, nos empodera y nos devuelve la esperanza de estar bien y nunca perder la fe. Como dos amigas, madres y creadoras, que se encuentran, se escuchan, se cuidan y se apoyan a pesar de los años, los proyectos, los malos ratos y también los anhelos.


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